«Mamá, no quiero comer más carne»…¿Y ahora?

«Mamá, no quiero comer más carne»: qué hacer cuando los hijos quieren ser vegetarianos…

Por convicción, moda o deseo de transgredir, cada vez más niños y adolescentes plantean en su familia el deseo de dejar de consumir carne. Cuál debería ser la respuesta de los adultos. Cómo abrir canales de diálogo y atender la demanda del menor sin poner en riesgo su balance nutricional ni convertir la mesa en una batalla campal

Suele decirse que las nuevas generaciones vienen «con otro chip», con más conciencia ecológica y una facilidad para cuestionar los mandatos que no poseían sus predecesoras. En esa línea, cada vez a edades más tempranas los niños plantean a sus padres el deseo de dejar de comer carne y convertirse al vegetarianismo.

Ante el planteo, el primer obstáculo suele ser el temor sobre cómo reemplazar las proteínas y el hierro que aportan las carnes rojas principalmente, basado -básicamente- en el desconocimiento. En segundo lugar, preocupa a los padres un tema nada menor como es la organización de la logística familiar al momento de las comidas.

Es que con padre y madre trabajando fuera de casa, como suele ocurrir en la mayoría de los hogares, el tiempo a gatas alcanza para hacer un menú y pensar en la elaboración de una segunda opción lleva a muchos adultos a negarse a la necesidad del menor.

Según una encuesta realizada en los Estados Unidos, existen alrededor de dos millones de vegetarianos -definidos como alguien que nunca consume carne de res, pescado, comida de mar ni aves de corral- cuyas edades oscilan entre los 8 y los 18 años, lo que representa al 4% de ese grupo etario. Eso supera al 3,3% de adultos encuestados que se declararon a sí mismos como vegetarianos. Muchos niños a edades muy tempranas deciden convertirse en vegetarianos, impulsados principalmente por preocupaciones éticas y los efectos de la producción de carne en el medioambiente.

«El modelo hegemónico de la nutrición marca que lo correcto y lo mejor es comer carne, pero los paradigmas cambiaron. Depende cuán respetuosos sean los padres de la voluntad de los hijos y su capacidad para escuchar y percibir qué le está pasando a ese chico será la respuesta que dará el adulto». Según la licenciada en Nutrición Andrea Precenti (MN 2541), para quien «el tipo de familia y qué abiertos están al cambio» será clave en el proceso.

Para la médica patóloga Victoria Cavoti (MN 111.677), ex coordinadora del Equipo de Atención Primaria con foco en infancia Ministerio de Salud de la Nación, «muchos adolescentes o preadolescentes plantean a sus padres el deseo de ser vegetarianos y lo primero que hay que hacer es abrir canales de diálogo, ver por qué el chico plantea eso». Y sin perder de vista que «a esa edad se busca trasgredir o marcar la personalidad», la especialista en formación de alimentación y cocina ayurveda consideró que «lo peor que se puede hacer es retarlos o juzgarlos». «Hay que buscar conocer el porqué de esa decisión saber el motivo de ese deseo».

Por otro lado, y sin desoír que «en algunos niños, aunque no es lo que ocurre en la mayoría, este deseo puede ser un primer indicio de restricción alimentaria, de un trastorno de la alimentación y eso algo que se debe descartar», si la familia decide acompañar es importante el seguimiento nutricional tanto con el pediatra de cabecera como con un nutricionista o un profesional capacitado en alimentación de la infancia y de la adolescencia». «Esto no es menor, porque no es lo mismo el profesional que trabaja con adultos que con niños; es elemental hacer un seguimiento amable y acompañado de ese niño en crecimiento, especialmente las mujeres que requieren más cantidades de hierro para su desarrollo hormonal».

Hoy en día hay mucha información disponible, el tema será qué criterio usar, por eso es clave la consulta a un profesional que tenga una apertura al vegetarianismo, lo sea él mismo o no, hay que enseñarle a un padre cómo balancear el plato en un niño vegetariano. «Las proteínas y el hierro tienen que estar, fundamentalmente, hasta los dos años y en la adolescencia, que son dos momentos en los que los chicos necesitan más aportes de estos nutrientes».

«Hay que escucharlos e informarse, no decir que no porque se desconoce o por temor a cómo se llevará a cabo el cambio».

Los padres necesitan estar atentos para asegurarse que los niños vegetarianos obtengan las cantidades suficientes de un nutriente esencial: el hierro, que si bien se sabe que es absorbido con mayor facilidad de fuentes animales que vegetales, las espinacas y los granos enteros son las mejores fuentes vegetarianas. En ese sentido, conviene conocer que el hierro es absorbido mejor en fuentes vegetales cuando se combina con la vitamina C, así que exprimir lima, limón o naranja en una ensalada o agregar cítricos a los batidos puede ser útil. Los cereales integrales son otra opción.

«Es clave ver con un especialista los reemplazos que conviene realizar, el tema de la carencia de hierro es el principal temor que se genera en los padres», cuando los hijos hacen estos planteos es momento para aprender a cocinar, saber cocinar las legumbres, cómo activar las semillas, cómo mejorar la absorción de hierro, etc».

«El vegetarianismo no es algo nuevo, tiene muchos años, lo importante es cómo se lo aborda y no juzgar al niño ni ponerse en una postura cerrada, más con los adolescentes, porque allí perdemos la pelea».

Sobre los reemplazos que conviene realizar para asegurar la ingesta de nutrientes esenciales. «La quinoa es rica en aminoácidos y calcio; otros alimentos que conviene incorporar son huevos de campo u orgánicos -por ser rico en proteína de alto valor biológico y ácidos grasos de cadena larga, elementales para el buen desempeño escolar, legumbres, cereales integrales, semillas, algarroba, frutos secos, vegetales de hojas, especias, siempre acompañado de sustancias que ayuden a la absorción».

Fuente: Infobae. Por Valeria Chavez